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BAUTIZO EN PARROQUIA DE EL ROMPIDO

Acabo de llegar a casa. En caliente, porque en frío tal vez no escribiría, trataré de exponer mis impresiones y consecuencias.

He bautizado a una niña de nombre TRIANA, nieta de un botero del Club Náutico “Río Piedras” e hija de padres solteros, a petición de la familia.

Recurrieron a mi servicio sacerdotal por su condición de referencia. Un caso más, entre innumerables, condicionado a las normativas de la Iglesia, que aceptamos todos, pero cuya aplicación no siempre es conforme con las distintas circunstancias de las personas.

Al margen de interpretaciones tan válidas unas como las contrarias, lo cierto e indiscutible es que “Sacramenta propter homines”. “La ley os hará libres”, nunca esclavos por definición: “ordinatio rationis in bonum conmune”, y “favorabilia sunt amplianda odiosa vero restringenda”, entre otros principios de derecho divino y eclesiástico.

Lo ideal sería no levantar “barreras” para no provocar el salto. Pero el “ansia de notoriedad”, cuando no se satisface por carencia de aptitudes o capacidades, recurre al poder y demás comportamientos similares, sin excluir la buena voluntad.

El Evangelio es contundente en todo momento: “El buen pastor conoce a sus ovejas, las apacienta, las llama por su nombre, ellas le conocen a Él y le siguen...” “Id por todas partes y bautizadlos en el nombre...”.

Sobran textos bíblicos que justifican con creces la impertinencia e inoperancia de tanta normativa restrictiva que conduce a la situación actual tan deplorable como injusta e inquietante. Es esperpéntico el hecho de que en alguna diócesis se haya autorizado a los párrocos a conferir el Sacramento de la Confirmación para cumplir lo dictaminado acerca de los padrinos en el Sacramento del Bautismo. Ridículo y muy lejos del espíritu de la ley canónica. Una hipocresía más que hará odioso el “cumpli-miento”... de las normas, cuya excepción imperiosa en ocasiones, servirá de conflicto por agravio comparativo.

En el encuentro familiar posterior a la ceremonia religiosa, he vivido esta realidad:

  1. Los padres de la bautizada han quedado convencidos de que, en cumplimiento de la obligación contraída en el Bautismo de su hija, celebrarán matrimonio canónico en fecha próxima, sin determinar, “salvas las normativas inflexibles de obligado cumplimiento”...
  2. En el seno de ambas familias paterna y materna:
    • Dos Parejas de hecho con hijos, sin casar, han descubierto la necesidad del bautismo y matrimonio.
    • Una pareja sin hijos está dispuesta a contraer matrimonio canónico, salva la barrera de las normativas parroquiales a tenor de sus circunstancias laborales y personales.
    • Una pareja entre soltero y divorciada con hija, me buscará para obviar dificultades y poder contraer matrimonio por la Iglesia. ¿Cómo actuar ante los leguleyos? Dios nos coja confesados...

Pueden seguir toda la vida en su situación o, por el contrario, seguir el camino del Evangelio salvando las normativas que les cierran el camino, porque “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y “no necesitan de médico los sanos sino los enfermos”.

¿Acaso esta realidad no es la verdadera catequesis? Mi presencia en la Asamblea para sacerdotes ¿me hubiera enriquecido más que esta nueva experiencia sacerdotal en la “Periferia”? “Nihil novum sub sole”. La sociedad sólo admite el tan cacareado “testimonio de vida”: “Tuve hambre y me diste...” No es suficiente con que dicho precepto lo resuelvan Cáritas y otros Movimientos similares. Exige vivencia del Evangelio con obras como signo apologético: “Cuando vean que os amáis, creerán en Mí”. “Demuéstrame tu Fe con obras...”

El Rompido 11 de noviembre de 2017.

JUAN ANTONIO JIMÉNEZ LOBATO.

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